entre nadia y yo

Carta a Nadia Comaneci.

Agosto 2016

 

Querida Nadia Comaneci, una vez más has despertado mis ganas infantiles de empolvarme las manos con maicena para ir al lugar más vacío de la casa, mirar atenta a lo lejos y saltar entregada. Saltar en el sitio como casi la única opción ante la realidad de no haber aprendido nunca a ejecutar tus impecables remontes con los que soñaba de niña. Eso si, siempre con una atención especial en el gesto, además de un aterrizaje digno en firmeza y gracia para terminar mostrando contenta el final de mi ejercicio olímpico de suelo al público imaginario en mi salón.

Hoy vuelvo a observar tu presencia tranquila, tu cuerpo grácil, exquisito en las medidas de fuerza y elasticidad. Todo muy claro y legible desplazándote por el tatami hasta nosotros y reflexiono:

¿Qué ha pasado con la gimnasia artística de hoy? ¿qué pasa con los cuerpos de hoy? ¿qué se le exige a un cuerpo en el 2016? ¿qué se espera del cuerpo de una gimnasta? ¿qué se le exige a un cuerpo?

En la gimnasia del 2016 los ritmos han cambiado. Son más trepidantes y capitalistas. Todo sucede tan rápido que casi no hay tiempo para los detalles. Los brazos y las piernas están más hinchados por el estrés. Como si los cuerpos se adaptaran bien a la voracidad de un sistema que no para, que no permite la pausa para observar o contemplar. Lo siento pero me quedo con Nadia y ese tiempo expandido que permite mirar sin estrés cada uno de sus gestos.

 

¿Puede aparecer otro cuerpo?

1.Ejercicio de suelo 1976, Nadia Comaneci

 

2. boceto 2, gimnástica off,  video en proceso de residencia en La Caldera les Corts.

 

A propósito de Entre Nadia y yo.

El cuerpo no solo es un lugar de acción sino también de reacción o, acaso, de consecuencias. Cómo este se comporta es reflejo de la sucesión de formas y contenidos de las políticas, lo social, lo cultural, lo económico y, también, la información y lo tecnológico. No es posible pensar el cuerpo, los cuerpos, en abstracción, sino sumidos en el devenir histórico, atravesados por lo que, en primera y última instancia, constituye la estructura de la sociedad política.

Más de cuarenta años separan 1976 ¾el momento en que Nadia Comaneci obtuvo la medalla de oro en las Olimpiadas¾ de la actualidad y, en ambos momentos, dos son las características comunes que señalan esos cuerpos: una supuestamente individual y otra colectiva. Por una parte, el denominado afán de superación personal y, por otra, ser el/la mejor, es decir, mejor que otro/a. Ante estos dos axiomas, sin embargo, cabe preguntarse cuáles son los elementos que los referencian; pensar que es uno/a mismo/a o el entorno es una respuesta demasiado inocente como para contemplarla.

Los discursos imperantes y hegemónicos se concentran en un cuerpo que se estira y sufre metamorfosis exacerbadas de todos sus miembros, basando sus capacidades en el “cada vez más”. Esta afirmación es, precisamente, el argumento soterrado que sostiene, ahora y también antes, lo que de político ¾en todas sus dimensiones¾ generan los cuerpos en sí mismos y en relación con los otros. De apariencia simple, la frase atraviesa el cuerpo, potenciando cada uno de los estamentos de sociedad que, de una forma u otra, lo llevan al límite de forma dirigida, inflándolo, transformándolo y mutándolo en la práctica pero también en su esencia.

Es, de esta manera, un cuerpo que está acorde con su tiempo, cada uno en la suya. Un cuerpo capitalista; un cuerpo neoliberal. Un cuerpo melódico; un cuerpo cortante. Un cuerpo contenido; un cuerpo expandido. En definitiva, cuerpos dilatados, disueltos e indicadores de época.

Lola Barrena

Mayo 2017